La sangre escrita Juré consignar en este palimpsesto la historia de mi vida, los secretos que, como escriba, tuve que guardar, pues en cada palabra se escondían historias, peticiones, confesiones, planes y condiciones exigidas, amores inconfesados, infidelidades, declaraciones no permitidas… Y con cada frase que trazaban mis plumas, sellaba mi propio destino, la condición de mi silencio clandestino, mi valor como transmisor de tantos datos obscenos, lujuriosos, vanidosos, engañosos y sometidos al olvido en el papiro que, a más de mi valor, consignaban también mi peligro. Y así dediqué, por fin, mi oficio de copista, a embellecer todo aquello que, antes de mí, fue escrito, pobremente conservado en piel y nunca a salvo de la humedad, del calor del sol o del fuego que borraron del cuero las palabras que otros, con su oficio, plasmaron fruto de las voces que, antaño, les dictaron cantos de alabanza a un solo Dios y a todos sus santos… Y al final dejé en este manuscrito mi legado más personal y la forma de ocultar los últimos secretos que, en él, fueron testigos de lo que nunca se deberá leer y que escondo bajo estas palabras postreras escritas con las últimas gotas de sangre de mis heridas…