Quiero expresar, con todo mi corazón, una profunda gratitud hacia Camino Blanco y especialmente hacia nuestro guía, Benjamín Inti.
Durante mucho tiempo, mi forma de percibir y habitar el mundo —mi ser neurodivergente— me llevó a sentirme aislada, distante. En ese sentir aparecieron la soledad, la desolación, una sensación de no pertenecer, de estar separada.La idea de que no podía interactuar con otros de manera genuina creció dentro mío hasta volverse casi una certeza.
Sin embargo, algo empezó a moverse.
A través de los libros de Inti, del manual de biosanación, canalizaciones, bueno, todos...de sus charlas y clases, y también mediante prácticas como el yoga, la escritura terapéutica, la meditación, la transmutación mental y el ayuno, ese paisaje interno comenzó a transformarse, poco a poco, de forma real y profunda.
Hoy, más allá de cualquier etiqueta o definición, puedo habitar espacios colectivos, compartir, vincularme. Puedo estar.
Ese sentimiento de no poder “tomar” la realidad, de no sentirme enraizado, sigue siendo parte de mi proceso, pero ya no es una condena: es algo que puedo observar, comprender y explorar desde otro lugar, con más conciencia y más amor.
Y en ese camino, algo esencial ocurrió: la barrera que sentía entre la humanidad y yo empezó a derrumbarse.
Por eso, gracias.
Gracias por abrir caminos donde antes solo había distancia.
Gracias por acompañar procesos que parecían imposibles.
Gracias por recordarme que sí hay un lugar donde puedo existir en conexión.
Con amor y profunda gratitud.