Hay días que no tienes hambre.
Tienes ganas de morder un sofá.
Y en vez de morder el sofá, haces lo que hace cualquier persona decente:
vas a la cocina a ver si el chorizo te arregla la vida.
Porque la nevera no es un electrodoméstico. La nevera es tu colega el pesado que siempre dice:
“Venga, tómate algo y se te pasa.”
Y tú: “pues igual sí”.
Lo típico
Te pasa UNA cosa (un email, una contestación, un “tenemos reunión”, un “¿puedes hacer esto rápido?”).
Y tu cerebro hace:
🚨 MODO DRAMA ACTIVADO 🚨
“Necesito algo YA.
Algo crujiente.
Algo dulce.
Algo que me abrace por dentro.”
Y tú vas andando hacia la cocina con la mirada perdida,
como si fueras un pingüino triste rumbo al hielo…
pero el hielo es el cajón de las galletas.
Abres el armario y te quedas mirando.
Y en tu cabeza suena música de atraco:
“Hoy cae media despensa.”
La jugada (para que no se te vaya la mano)
Antes de meter la mano ahí como un mapache en un cubo de basura:
Pones las manos en la encimera, como diciendo:
“Vale, vale… un segundo, que me estoy viniendo arriba.”
Y haces esto:
-Inhala 4 por la nariz
-Aguanta 2
-Suelta 6–8 por la boca, lento, como si estuvieras apagando una vela…pero la vela es tu ansiedad haciendo breakdance.
5 veces.
Un minuto.
No te cambia la vida.Pero te quita ese punto de “me da igual todo” que es el que hace que acabes comiéndote:
-3 galletas,
-un trozo de pan,
-queso,
-y luego algo “para rematar”,y acabes pensando:
“¿Pero yo qué hago merendando como si fuera un oso antes de hibernar?”
El truco rápido que funciona
Después de respirar, te preguntas:
“¿Tengo hambre o vengo aquí a anestesiarme?”
-Si es hambre: comes y ya.
-Si es anestesia: no te hace falta comida, te hace falta bajar revoluciones 10 minutos.
Porque muchas veces lo que querías no era comida.
Era que el día dejara de darte collejas.
Gran día.
Pablo