CLASE PRÓXIMO DOMINGO 25/01/26
Amada familia bonita, Perdonad que todavía no os haya enviado el audio subliminal de la salud. Estoy en ello con mimo. Ya sabéis que eso a mí me lleva su tiempo: sentir bien las afirmaciones, grabarlo con presencia, editarlo… no me gusta hacer las cosas a medias ni deprisa. También hoy voy a intentar dejar ya lleno el calendario. No ha podido ser antes y ahora os cuento por qué. Gracias a Dios, con esta nueva alimentación y el trabajo interior que estoy haciendo, mi estado es de calma profunda. No hay ruido mental. Todo lo que va viniendo lo recibo con gozo, con gratitud y con los brazos abiertos, sabiendo —de verdad— que siempre es lo mejor para mí, aunque a veces no lo entienda de inmediato. He recibido la noticia de que la casa donde estoy llega a su final. La casera la vende. Así que tengo unos meses para encontrar un nuevo hogar para Uriel, Gabriel, Iskay y para mí, un lugar donde ellos estén bien… y yo también. No lo vivo como algo negativo. Al contrario. Siento que es un movimiento necesario, algo que quizá yo no me atreví a hacer y que ahora la vida hace por mí. Me empuja, con amor firme, hacia una nueva etapa. No puedo ceñirme a quedarme en este lugar tal como está ahora mi vida. Si aquí no aparece lo que necesito, me tocará ir a otro sitio. Y sí, también soltar. Aunque ya sabéis que amo mucho a Jaime, estoy dispuesta al cambio. Me permito el cambio. Llevo dos meses repitiéndomelo cada día… y como podéis ver, los cambios no dejan de llegar. Es verdad que el cambio da vértigo. Porque no sabes dónde vas, qué va a pasar. Pero hay fe. Hay confianza. Y una certeza interna de que todo esto abre algo mucho mejor, algo que realmente necesito ahora: un lugar con más luz, con estabilidad, con internet cuando lo necesite, con comodidades que esta casa ya no puede darme. Esta casa ha cumplido su función. Ha sido para el autoconocimiento, para el encuentro conmigo misma, para la profundidad. Ha servido a su propósito. Pero ya no sirve al propósito que quiero encarnar ahora en este mundo, a la función que siento vivir.