Excelente domingo para todos, continuamos con el tema de la INMOVILIDAD, reflexionemos juntos una importante verdad. El alma está en movimiento constante. No fue creada para permanecer inmóvil. No fue hecha para instalarse cómodamente en una identidad fija ni para repetir indefinidamente las mismas formas de pensar, sentir y vivir. Lo que el alma realmente busca es expansión, profundidad y transformación. Y cuando ese movimiento se detiene, algo dentro de nosotros comienza lentamente a apagarse. Yo llamo involución a un tipo particular de vida, es la que consiste en aferrarse demasiado tiempo a una versión de uno mismo que sí, alguna vez fue necesaria, pero que ya ha cumplido su función. Debemos comprender que lo que en una etapa fue crecimiento, en otra puede convertirse en una prisión. Lo que antes nos protegía, más tarde puede limitarnos. Sin embargo, nuestro ego suele resistirse a este hecho porque encuentra seguridad en lo conocido, incluso cuando lo conocido ya no tiene vida. En este espacio, día con día vamos descubriendo que el alma siempre intenta avanzar hacia territorios nuevos, por eso aparecen sueños inquietantes, crisis inesperadas y sentimientos de insatisfacción que no parecen tener una causa evidente. Muchas veces creemos que algo está mal porque sentimos incomodidad, pero desde la mirada de este libre espacio, esa incomodidad es precisamente la señal de que tu psique está intentando crecer más allá de tus límites actuales. Es ahí donde yo te entiendo porque a lo largo de 25 años pude transitarlo en mi vida, la repetición es una de las formas en que el alma nos muestra que hemos dejado de crecer y de vivir. Repetimos las mismas relaciones, los mismos conflictos, los mismos miedos y las mismas respuestas. Cambian las circunstancias, cambian los nombres y cambian los escenarios, pero una cerrada e inmóvil estructura profunda permanece idéntica. Y mientras no tomemos conciencia de ello, la vida seguirá presentándonos las mismas lecciones bajo diferentes disfraces.