🎧 Hoy quiero compartir contigo una canción que va mucho más allá de la música. Habla de nuestra historia, de la infancia y de esa persona que hemos llegado a ser. Porque **el pasado es una semilla de nuestro futuro**. Cuando somos pequeños, necesitamos sentir que somos queridos, que confiamos en nosotros mismos y que, pase lo que pase, hay alguien que estará ahí para nosotros. Un niño que crece sintiéndose seguro aprende que no necesita ser perfecto para merecer amor. Pero ¿qué ocurre cuando esa seguridad no estuvo presente? Quizá aprendimos a complacer a todo el mundo, a no pedir ayuda, a esconder nuestras emociones o a demostrar constantemente nuestro valor. A veces seguimos siendo adultos intentando conseguir aquello que necesitábamos de pequeños. Y sí, es una putada. Habría sido mejor recibir ese cariño, esa protección y esa confianza cuando los necesitábamos. No tenemos que justificar el dolor ni agradecer que nos hicieran daño. Pero sí podemos agradecer lo que hemos aprendido, reconocer nuestra fortaleza y decidir qué queremos hacer con nuestra historia. **No elegimos todo lo que vivimos, pero podemos aprender a elegir cómo queremos vivir a partir de ahora.** 💜 Y aquí aparece una de las ideas más bonitas de esta canción: *querernos tal como somos*. No necesitamos convertirnos en la persona que otros esperaban. Podemos dejar de castigarnos por lo que no supimos hacer, comprender nuestras heridas y aprender a tratarnos con más cariño. ## 🎧 Te propongo un pequeño ejercicio REC 1. Busca un lugar tranquilo y escucha la canción con auriculares, sin mirar el móvil. 2. Observa qué frases te llegan, qué recuerdos aparecen y qué sientes. No tienes que forzar ninguna emoción. 3. Cuando termine, escribe una carta a la niña o al niño que fuiste. Dile aquello que necesitaba escuchar: que era suficiente, que merecía amor y que no tenía que poder con todo. Y termina la carta con esta promesa: *«Hoy soy adulto. No puedo cambiar lo que viviste, pero puedo aprender a cuidarme, a escucharme y a no abandonarme cuando las cosas se pongan difíciles».*