@Paola Zabala Hola Paola. La primera respuesta que se me ocurrió ya la escribí y parece una ironía: comprar, conseguir, cambiar...mesas redondas para poder sentarnos todos en el mismo nivel. El diálogo es esencial y no podemos dejar que ni el obispo, ni el párroco, ni el coordinador resuelvan la cuestión. Por eso los servicios comunitarios deben ser rotativos. Nadie podría quedarse eternamente en su puesto, por más venerable que sea. Con esto quiero decir que no debemos suprimir la estructura sino hacerla más humana y fraterna. Un instrumento necesario para ello será la autocrítica. ¿Sabés de dónde viene y a dónde va la autocrítica? Te lo digo rápidamente: viene de la evaluación y se dirige al examen de consciencia. Todo, pero todo, tendrá el sabor de lo cotidiano, lo de todos los días. Allí conviven la evaluación, el examen de consciencia y la autocrítica. El resto, sobra, está de más. Lo cotidiano: es lo de todos los días. Es la vida que tejemos a cada segundo. Es el dinamismo del discernimiento personal y comunitario. Es la base de la forma sinodal de vivir en la Iglesia.