Cuando empecé a emprender mi idea era una mierda
Mi mayor problema cuando empecé a emprender no fue que mi idea era una mierd* (que igual si era una mierd*) en realidad... Fue que estaba convencido de que era brillante. Y esa convicción me costó carísimo. Porque emprender no es difícil por falta de ideas o por falta de talento. Emprender es difícil porque no sabés lo que no sabés. Y lo peor: es imposible evitarlo (por tu cuenta). Creía que mi problema era conseguir clientes. Mi problema real era que nunca había validado si alguien quería lo que vendía. Creía que me faltaba marketing. Mi problema real era que construí algo que el mercado nunca me pidió. Y hoy lo veo todo el tiempo. En cada entrevista de inscripción a Novolabs preguntamos lo mismo: ¿Validaste tu idea? Y la respuesta más común es: "No hace falta, ya está validada. Mirá, fulano ya lo hizo y le funciona." No. Eso no es validación. Eso es que otro resolvió su problema, en su contexto, con sus recursos, con su red, con su timing. Que a otro le funcione no quiere decir que vos lo puedas hacer funcionar. Son dos cosas completamente distintas. Y mientras seguís convencido de que sabés lo que hacés, el reloj corre. Porque la mayoría no tenemos recursos ilimitados para emprender. No tenemos diez intentos. No tenemos margen para aprender a los golpes indefinidamente. Tenemos uno. Dos si somos resilientes. Tres si somos muy tercos. Los emprendedores que vos admirás tampoco construyeron nada solos. Steve Jobs tuvo a Mike Markkula. Bezos tuvo a Tom Alberg. Zuckerberg tuvo a Steve Jobs. Musk tuvo a Peter Thiel. Ninguno. Ni uno. Los que parecen genios absolutos también tuvieron mentores que ayudaron a que las ideas florescan. El error más caro no es el que ves venir. Es el que cometés sonriendo, convencido de que vas por el camino correcto. Yo lo aprendí a los golpes. Vos no tenés por qué