Hace siglos, en un templo de lo que hoy es Tailandia, había un Buda enorme hecho de barro. La gente pasaba por delante sin prestarle mucha atención. Era grande, sí. Pero solo barro. Una estatua más, de las que nadie mira dos veces. Pasó así casi 200 años. Bajo un simple techo de hojalata. Olvidado. Sin valor. Hasta que un día, en 1955, tuvieron que moverlo a otro sitio. Lo levantaron con cuerdas. Pero pesaba tanto, muchísimo más de lo que un Buda de barro debería pesar, que las cuerdas no aguantaron. Y se cayó. Imagina la escena. Una grieta abriéndose en un Buda de barro. ¿Qué esperarías ver dentro? Más barro. ¿Verdad? Pues no. Por esa grieta... empezó a brillar algo. Algo dorado. Cuando terminaron de quitar todo el barro, se quedaron sin palabras: debajo había un Buda de oro macizo. Cinco toneladas y media de oro puro. Una de las estatuas más valiosas que existen en el mundo. Llevaba siglos ahí. Intacto. Escondido entre tanto barro. Y nadie lo sabía. Hoy se sabe por qué: hace cientos de años, para protegerlo de los saqueos de un ejército invasor, alguien lo cubrió de barro a propósito. Para que pareciera pobre. Para que nadie quisiera robarlo. Lo cubrieron para protegerlo. Y funcionó tan bien... que el mundo entero se olvidó del oro que había debajo. Incluso él, podría decirse, se olvidó. Qué remueve esta historia del buda de barro en ti?? Ves la analogía? Tu mas profundo ser esta hecho de oro, metafóricamente claro. Somos seres brillantes, con mucho potential. Pero sin embargo nos olvidamos. Nos hemos puestos capas y capas de creencias limitantes, para protegernos. Capas de barro impuestas por la sociedad, y por la familia. Emociones reprimidas que no te has permitido liberar del todo. Es la experiencia de la vida terrenal, ya… Pero ha llegado la hora de redescubrir nuestra verdadera identidad. Meditemos juntas al respecto, hagamos yoga para liberar tensión. Para reconectarnos con la esencia de oro que llevamos dentro. Vamos juntas a explorarnos más allá de la mente, yo solo abro el espacio.