Ayer, cerca de 200 personas abrieron el mail donde conté que estoy buscando seres que sientan que llegó el momento de asumir su camino, mejorar su servicio y darle forma a cosas hermosas en la Tierra. Y me quedé pensando en algo. La mayoría de quienes abren un mail así probablemente no lo hacen sólo por curiosidad. Hay algo que les llama la atención. Una frase que toca. Una posibilidad que resuena. Pero muchas veces, apenas aparece ese movimiento, aparece también otra voz. Una voz conocida. "No es para vos." "Ahora no." "No puedo." "Lo voy a pensar." "Más adelante." Y entonces me apareció una pregunta: ¿Esa es realmente la voz de tu alma? Obviamente no todas las personas que lean un email tienen que sumarse a una propuesta. Ni tendría sentido. Pero también sé que muchas veces no nos detenemos porque algo no sea para nosotros. A veces nos detenemos porque algo sí es para nosotros y nos obliga a movernos de un lugar conocido. Ahí aparece el miedo. La duda. La personalidad buscando argumentos perfectamente razonables para seguir exactamente donde estaba. Lo que se está abriendo ahora con EPICS no quiero que lo decidas desde la presión. Ni siquiera quiero que me creas a mí. Quiero que te escuches. ¿Qué pasa adentro tuyo cuando leés esto? ¿Qué parte se entusiasma? ¿Qué parte se contrae? ¿Qué parte sabe que hay algo que hace tiempo está esperando tomar forma? Quizás todavía no entendés exactamente de qué se trata. Y está bien. No hace falta entender todo para prestar atención a lo que algo despierta en vos. Después vendrá el discernimiento. Las preguntas. Los números. La conversación. Ver si tiene sentido o no. Pero antes de todo eso hay algo más íntimo: reconocerte. No porque yo sea especial, único o más elevado que nadie. Sino porque hay encuentros, personas y momentos que simplemente nos encuentran cuando estamos preparados para ver algo diferente. Y por eso vuelvo a la pregunta con la que empecé: ¿Qué te hace detenerte? No te pregunto por qué no compraste nada.