Al final solo soy yo y mis ideas. Quien más podrá sacarme de aquí que esté fuera de esta celda, si nadie se ha metido en ella para entender por qué estoy atrapada. El por qué de mis decisiones, mis actos, mi forma de socializar con el resto o mis hábitos del día a dia que no son muchos de los que pueda contar, pues dentro de una celda no hay nada más que ver que a través de las rejas de ella, sin poder salir al exterior. Quizas no existe ninguna llave mágica, igual la puerta de la que estoy encerrada se abre sin forzarla, esperando simplemente a que decida salir y ya. Suena fácil. Pero esta celda en la que estoy metida no es física, no se construyó paso a paso ni está hecha de ladrillo y cemento, simplemente apareció, así como puede abrirse la puerta. Terminando con mi condena. He llegado a pensar que en realidad nunca me quisiste como de verdad lo decías. No niego que no lo hicieras, simplemente me causa la sensación de que era evidente que lo que sentiste tan fuerte por mí en un principio, iba a ser efímero, mientras que lo que yo sentí por ti, lo sentí porque iba a ser real, tan real como la vida y la muerte. Vivir y terminar mi vida a tu lado. Haber creído eso puede que haya sido tan bonito como doloroso, crear mi vida contigo en mi mente, en las ideas que por aquel entonces no estaban presas, que se sentían en su total liberación y con la capacidad de actuar para hacerlas realidad. Durante un tiempo esas ideas estuvieron volando, sintieron la felicidad, pero no solo por existir sino de tener al lado otras ideas que comparten y sienten lo mismo, pudiendo volar juntas por un cielo infinito. Pero ese cielo no lo era. Y se estrelló con lo que llamo realidad. Las dejé caer, y yo caí con ellas, casi en un vacío, pero de pronto, llovió tanto como de lágrimas, que yo misma trasladé de la realidad a la imaginación. El final de esta historia es que se ahogaron pero de pronto empezaron a aprender a nadar, yo las enseñé.