Ayer, además de estar celebrando mi giro galáctico, estuve reflexionando sobre algunas cosas que, de a poco, fueron aterrizando dentro de mí. Llevaba varios días intentando mantener el enfoque y, sobre todo, no dejarme arrastrar por el exceso de información que constantemente compite por nuestra atención. Noticias. Redes sociales. Opiniones. Crisis. Algoritmos. Miedos. Posibilidades. Demasiadas cosas pidiendo nuestra energía al mismo tiempo. Y justamente ayer me encontré con un video de Ufocaller, una mujer griega, Kin 212 —Humana Autoexistente Amarilla—, que hablaba sobre la importancia de dónde ponemos nuestra atención. Una idea muy sencilla, pero que ayer me hizo mucho sentido: "Aquello a lo que prestamos nuestra atención es también aquello a lo que estamos entregando nuestra energía." Y me quedé pensando... ¿Dónde está realmente nuestra atención? Podemos pasar horas hablando del gobierno, de la oscuridad, de la economía, de la IA, de todo aquello que creemos que está ocurriendo mal en el mundo. Y al mismo tiempo, hay personas poniendo esa misma energía en crear. En aprender. En construir. En colaborar. En desarrollar nuevas ideas. En generar abundancia. No digo esto para negar lo que ocurre en el mundo. Tampoco creo que debamos ignorar aquello que nos preocupa. La pregunta que me apareció ayer fue otra: ¿Qué ocurre cuando aquello que observamos constantemente termina ocupando también nuestro campo mental, emocional y energético? Y quizás ahí aparece una parte muy interesante del propósito. Porque tal vez encontrar nuestro propósito no consiste solamente en descubrir qué queremos hacer. Tal vez también implica descubrir: ¿Qué estamos alimentando con nuestra atención? Cada día hacemos una elección, muchas veces sin darnos cuenta. Aquello que miramos. Aquello que escuchamos. Aquello de lo que hablamos. Aquello que repetimos. Aquello que tememos. Aquello que imaginamos. Todo eso va construyendo, de alguna manera, el paisaje desde el cual vivimos.