Llega un punto en el que entiendes que no era falta de amor,
era falta de límites.
Que no era mala suerte en el amor,
era abandono propio repetido.
Y que sanar no es encontrar a alguien distinto,
sino convertirte en alguien que ya no se traiciona.
Si estás aquí, no es casualidad.
Estás aprendiendo a elegirte.
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