El amor propio real no es decir “me amo” frente al espejo.
Es dejar de explicarte de más,
de aceptar menos de lo que mereces,
y de quedarte donde no eres prioridad.
Es elegirte incluso cuando duele,
poner límites sin culpa,
y entender que tu paz vale más que cualquier vínculo que te rompa.
El amor propio real se nota cuando ya no te abandonas para que alguien más se quede.