Pero quizás la forma más correcta de decirlo es que Skin+ fue mi escuela.
Me enseñó gran parte de lo que sé hoy.
Me enseñó a conocerme, a entender cómo funciona el mundo y, sobre todo, a aprender cómo enfrentarlo.
A confiar en mí cuando las cosas salen bien, pero mucho más cuando salen mal.
A tomar decisiones sin tener todas las respuestas.
A equivocarme.
A perder.
A empezar de nuevo.
A sostener mis ideas aunque otros no las entiendan.
A descubrir hasta dónde soy capaz de llegar.
Cuando empecé Skin+ pensé que estaba construyendo una empresa.
Con los años entendí que, mientras yo construía Skin+, Skin+ también me estaba construyendo a mí.
Muchas de las cosas que hoy forman parte de mi manera de pensar, de enfrentar los problemas, de relacionarme con el fracaso, con el éxito y conmigo misma, las aprendí ahí.
No fue una escuela fácil. Y probablemente por eso aprendí tanto.
Hoy puedo decir que Skin+ no solo cambió mi vida profesional.
Cambió mi forma de pararme frente a la vida.
Y quizás por eso siento que, de alguna manera, Skin+ me salvó.