A veces estamos tan apurados por llegar…
que nos olvidamos que el verdadero regalo es estar.
Estar vivos.
Respirando.
Sintiendo.
Hoy, cuando te toque un semáforo en rojo, no te alteres.
No mires el reloj.
No te pelees con el tránsito.
Respirá.
Inhalá profundo…
exhalá lento.
Mirà el cielo.
Observá a la gente.
Sentí tu cuerpo apoyado en el asiento.
Ese momento no es una pérdida de tiempo.
Es vida pasando.
Y ya sos afortunado por eso.
Por estar acá.
Por poder ver, escuchar, sentir.
No todo tiene que ser productivo.
A veces, solo se trata de estar presentes.
Y eso… ya es un regalo enorme. ✨