Me llevó mucho tiempo decidir mudarme a otro país. Definitivamente no fue una decisión fácil.
Primero que nada, soy padre de una hermosa niña que cumplirá diez años este diciembre. Dejarla en mi ciudad natal fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Sé que su madre la cuida muy bien, pero siempre fuimos muy unidos: hacíamos todo juntos.
Yo era empresario en Perú, pero últimamente mi país se ha vuelto cada vez más inseguro. La corrupción y los malos políticos han creado caos mediante leyes injustas y decisiones imprudentes que poco a poco destruyen la vida de las personas. Un día, fui víctima de esa inseguridad; casi me matan los delincuentes.
Ese fue el día en que me di cuenta de que algo tenía que cambiar. No podía seguir viviendo en un lugar donde el miedo parecía normal. Necesitaba actuar, proteger mi futuro y construir algo mejor para mí y para mi hija.
Tuve la suerte de que mi abuela fuera japonesa, así que solicité una visa como descendiente de japoneses. Sentí que el destino me estaba dando una segunda oportunidad.
Ahora, cada día en este nuevo país, no solo estoy reconstruyendo mi vida, sino que estoy redescubriendo quién soy. Dejé atrás el miedo y la incertidumbre, y me adentré en un futuro que finalmente estoy eligiendo para mí.
Porque a veces, empezar de nuevo no es huir, es lo más valiente que puedes hacer.