“El cambio es doloroso, pero nada es tan doloroso como quedarse atascado en un lugar que no perteneces.”
A menudo, confundimos la estabilidad con una verdadera seguridad, pero en realidad, a veces estamos canjeando nuestra capacidad de alcanzar la grandeza por una simple comodidad.
Cambiar duele, sí. Implica dejar ir esas versiones de nosotros mismos que ya no nos definen. Requiere soltar lazos, rutinas y hasta las expectativas de los demás.
Pero, ¿qué pasa si nos quedamos en el mismo lugar? Eso nos va rompiendo en silencio.
La incomodidad que nos produce el cambio es pasajera. Sin embargo, el vacío de vivir una vida que no nos representa puede quedarse para siempre.
Recuerda: no viniste al mundo para simplemente encajar. Naciste para crear tu propio espacio, un lugar que refleje quién eres verdaderamente.
Este es tu recordatorio. Es el momento de avanzar, aunque sientas un poco de dolor. Porque el verdadero arrepentimiento será mirar hacia atrás y darte cuenta de que te fallaste a ti mismo por miedo a dar el siguiente paso.