La comparación constante en redes sociales es la droga más adictiva y destructiva del emprendimiento moderno.
Todos estamos enganchados a ella.
Lo negamos, por supuesto.
Decimos que usamos Instagram para "inspirarnos" o "mantenernos al día".
Pero la verdad es que estamos buscando un punto de comparación para sentirnos miserables.
Abrimos el feed y vemos al que también vende cursos o ebooks digitales que acaba de mostrar sus Notificaciones de Hotmart y son 100 ventas en 24 horas.
Vemos al gurú que está en Bali, facturando en automático.
Vemos al experto que tiene 50,000 seguidores nuevos este mes.
Y automáticamente, nuestro cerebro hace la resta.
"Si él pudo, ¿por qué yo no?"
"Mi producto fue un fracaso comparado con el suyo."
"Llevo un año trabajando y apenas tengo 500 seguidores. Él tiene 50,000. Claramente, estoy haciendo algo mal."
Esa comparación no es inspiración. Es parálisis. Es la voz que te dice que no eres suficiente, que tu esfuerzo es inútil, y que deberías buscar la "estrategia secreta" que ellos están usando.
Y lo peor es que sabemos que es una mentira.
Sabemos que esas 100 copias vendidas fueron después de tres años de construir una audiencia y que el lanzamiento anterior fue un desastre.
Sabemos que la foto en Bali fue tomada hace una semana y que el gurú está ahora mismo estresado con un problema de impuestos.
Sabemos que esos 50,000 seguidores fueron comprados o vinieron de un viral que no tiene nada que ver con su negocio principal.
Pero nuestro cerebro ignora el proceso detrás de cámaras …. Solo consume el video destacado.
Yo caí en esa trampa.
Durante meses, mi métrica de éxito no era cuánto dinero ganaba o cuántos clientes ayudaba. Mi métrica era cuántos seguidores tenía mi competidor directo.
Me obsesioné con sus números. Estudiaba sus publicaciones. Intentaba replicar su tono.
Y mientras estaba ocupado mirando su jardín, el mío se secaba.
Perdí tiempo valioso tratando de ser una versión diluida de otra persona en lugar de enfocarme en lo que solo yo podía ofrecer.
La comparación es cómoda porque te da una excusa para no hacer el trabajo real.
Es más fácil culpar a tu falta de "suerte" o a tu "mala estrategia de contenido" que admitir que tienes miedo de fallar en tu propio camino.
Y la realidad es que la mayoría de la gente que ves triunfando en redes sociales está jugando un juego completamente diferente al tuyo.
Tienen presupuestos distintos, equipos distintos, y una historia que tú no conoces.
Tu única competencia eres tú mismo de ayer.
Pero eso no se ve tan bien en un post de Instagram o Facebook… No genera tantos likes.
Es mucho más fácil quejarse de que el algoritmo te odia, mientras secretamente te torturas viendo el éxito de los demás.
Me pregunto cuántos proyectos brillantes se han quedado en el cajón porque el creador se comparó con un estándar imposible antes de empezar.