Decir que creemos es fácil, pero demostrarlo con lo que hacemos… ahí está lo importante. La fe no es solo palabras bonitas o lo que decimos sentir, es cómo tratamos a los demás, cómo reaccionamos y lo que hacemos cuando nadie nos ve.
Si nuestra fe es real, se nota. Se ve en nuestras acciones, en nuestra forma de vivir y en las decisiones que tomamos todos los días.
Más que decir “tengo fe”, la verdadera pregunta es: ¿se nota en mi vida?