Todos quieren el resultado final. Quieren el "factura 10k en 30 días". Quieren el "libertad financiera en un año".
Pero nadie quiere el camino, quieren la meta, pero evitan la caminata.
Y eso es lo que venden.
Y eso es lo que compran.
Lo veo en cada lanzamiento. "Te voy a enseñar a escalar tus ventas". Y la gente se inscribe.
Pero no preguntan: "¿Cuánto trabajo voy a tener que meter?" "¿Cuántas horas al día?" "¿Cuántas veces voy a fallar?"
Porque esas preguntas no venden.
Yo también caí en esto cuando ingresé a este mundo.
Compré cursos que prometían la luna. Creí que solo con tener el "secreto", todo se arreglaría.
Pensé que la promesa era suficiente. Que el "cómo" vendría solo.
Y perdí años persiguiendo el brillo de la promesa, sin querer ensuciarme las manos con el proceso.
Hasta que me di cuenta que la promesa es una ilusión si no hay un proceso que la respalde.
Puedes comprar todos los cursos del mundo. Puedes leer todos los libros. Puedes asistir a todos los eventos.
Pero si no te comprometes con el proceso, la promesa se queda en el aire.
Y el proceso es aburrido. Es repetitivo. Es incómodo.
Es levantarte todos los días y hacer el trabajo que nadie ve. Es fallar y volver a intentarlo. Es la disciplina.
Pero eso no es lo que la gente quiere escuchar.
La gente quiere la píldora mágica. Quiere el atajo que les salte el proceso.
Y los que venden esas promesas vacías, lo saben.
Me pregunto cuántas personas están persiguiendo la próxima gran promesa, mientras su proceso sigue olvidado.