Había una vez, en un valle de esos con musgo y cascadas zen, dos maestros de luz.
El primero, llamémosle "El Gurú Desapegado", vivía en una cueva.
Comía raíces con alegría, decía que cobrar por su sabiduría mancharía su aura y que el dinero era la raíz de todo mal. La gente lo visitaba, se hacía selfies con él (porque era exótico) y se conmovía con sus palabras. Pero luego, volvían a casa igual de pelados y cansados, porque el pobre Gurú no tenía ni para una bicicleta, así que sus consejos se quedaban en la cueva.
Total, que ni él ni sus "fans" avanzaban. 🤷♂️
El segundo maestro, el "Sensei con TPV", decidió montar una escuela como Dios manda.
Cobraba lo justo, ¿eh? Pero lo justo para tener una escuela impoluta, para que los alumnos no tuvieran que mendigar la comida y para él poder ir a congresos de "Emprendimiento Consciente" sin pedirle prestado a su abuela.
Muchos le llamaban "materialista" y "vendido".
Pero ¿sabéis qué?
Con los beneficios, el Sensei compró las tierras de alrededor para que nadie en el valle pasara hambre y becó a todos los hijos de quienes no podían pagar.
¡Hasta puso un Wi-Fi de alta velocidad en el pueblo! 📡
Pero entonces, llegó un invierno tan fuerte que las frases motivadoras no servían para calentar la sopa.
El Gurú Desapegado, sin recursos ni un duro en el bolsillo, tuvo que cerrar la cueva.
¡Hasta le caducaron las raíces!
Tuvo que pedir ayuda para no congelarse.
En cambio, el Sensei con TPV, con su abundancia consciente, mantuvo la escuela calentita, dio empleo a medio valle y pudo extender cheques para reconstruir las casas que se cayeron por la nieve.
Moraleja para Emprendedores Conscientes (y los que aspiran a serlo):
La intención sin recursos es como un mensaje de WhatsApp sin cobertura: muy bonito, pero no llega a nadie.
El dinero en manos de un Emprendedor Consciente no te hace menos espiritual; te convierte en un megáfono gigante de la compasión, ¡y uno que puede pagar sus propias facturas! 🎤💸
¿Qué te parece? ¡Espero que arranque unas buenas risas y muchas reflexiones!