Allá por 1991, en una reunión, un gerente financiero le preguntó a mi jefe de entonces, Héctor Riglos:
—¿Cuál es su expectativa, ingeniero Riglos, respecto al desarrollo de los sistemas [computacionales] en nuestra empresa?
Su respuesta fue:
—Quisiera que, en una reunión como esta, o en un directorio, pudiéramos hacerle preguntas a la computadora y tomar mejores decisiones.
Esta semana, 35 años después, sentí que Héctor me sonreía desde el cielo mientras le formulábamos preguntas a Claude y explorábamos escenarios junto a las dueñas de un negocio.
La tecnología avanza. Las buenas preguntas, también.
¿A ustedes también les está pasando algo así con la IA?