Hace unos días, conversando con amigos, algo hizo clic. Este año no se siente lineal. No es una puerta que se cierra y otra que se abre de golpe. Se parece más a esas puertas giratorias: mientras una parte de vos todavía está saliendo, otra ya empezó a entrar. Y cuando mirás con un poco más de profundidad, esa sensación aparece reflejada —casi como un eco— en distintos lenguajes espirituales que, curiosamente, coinciden en lo mismo: cierre.
Desde la numerología, estamos atravesando un año nueve. El nueve no inicia: culmina. Es el número del balance final, de lo que se integra, se agradece o se suelta. No es un número cómodo, porque no promete novedad inmediata; promete sentido. Nos pide mirar el camino recorrido, honrar lo aprendido y aceptar que no todo sigue con nosotros a la próxima vuelta.
En la astrología, algo similar está ocurriendo en cámara lenta. Saturno, con su ciclo de aproximadamente 29 años, y Neptuno, con su órbita extensa de 165 años, están cerrando su paso por Piscis, el último signo del zodíaco. Piscis no corta de manera quirúrgica: disuelve. Cierra por agotamiento, por comprensión profunda, por rendición. Estos tránsitos no marcan un final abrupto, sino un período —de meses o inclusive años— donde convivimos con lo que muere y lo que todavía no nació del todo. Exactamente como una puerta giratoria.
Y en la astrología china, el símbolo es igual de potente: la serpiente. En la mitología oriental, la serpiente está asociada a la sabiduría, a la piel que se deja atrás, a la transformación silenciosa. No vive en el pasado ni se proyecta demasiado al futuro: habita el presente con intensidad. Por eso también es conflictiva. Porque no evade. Porque cuando cambia, cambia de verdad. No reencarna: se renueva.
Todo esto parece decirnos lo mismo desde distintos idiomas: estamos cerrando ciclos importantes, y no lo vamos a hacer de un día para el otro. Hay una convivencia entre lo que ya no va y lo que todavía no sabemos cómo será. Un tránsito incómodo, sí, pero profundamente fértil si nos animamos a habitarlo con conciencia.
Si este año se sintió pesado, confuso o emocionalmente intenso, quizá no fue un error de cálculo. Quizá estabas, simplemente, atravesando una puerta giratoria.
Gracias de corazón a esta comunidad hermosa que acompaña, lee, reflexiona y comparte. Les deseo lo mejor para el año que comienza: que lo nuevo las encuentre más livianas, más honestas con ustedes mismas y con espacio real para recibir lo que viene 🤍✨