El Viaje del Alma a Través del Zodíaco
Se podría decir que el viaje comienza en Aries, donde nacés llenx de energía y empuje. Todo es impulso y urgencia por abrirte camino, afirmarte, construir una identidad propia. Luego, en Tauro, esa fuerza inicial necesita tierra: te asentás, bajás el ritmo y empezás a moldear, con paciencia y constancia, esos primeros logros que todavía eran toscos, puliéndolos mientras aprendés a disfrutar de lo simple.
En Géminis, surge la necesidad de comunicar y de entender tu lugar en el mundo. Conversás, preguntás, explorás, y en ese intercambio descubrís que hay caminos nuevos y que aprender y enseñar son movimientos que se retroalimentan. Más adelante, en Cáncer, aparece el deseo profundo de pertenencia: necesitás vínculos, afecto, raíces. Buscás el origen, la familia, lo que te hace sentir que hay algo que dejar para quienes vienen después.
Cuando llegás a Leo, vuelve la voz interna que te impulsa a salir al mundo con coraje. Después de nutrirte y nutrir a los tuyos, necesitás volver a afirmarte, mostrarte, expresarte, defender tu espacio vital. Pero Virgo te obliga a detenerte: ves tus fallas con claridad y aparece la necesidad de ordenarte, mejorar, refinar lo aprendido, desmontar el orgullo que acumulaste sin darte cuenta.
En Libra, aparece el encuentro: el otro con quien resonás, ese vínculo que equilibra y embellece tu vida. Y justo después, en Escorpio, llega la prueba más profunda: la confrontación con tu sombra, con lo que temés y evitás. Luchás con todo lo que acumulaste –el ímpetu de Aries, la firmeza de Tauro, la agudeza de Géminis, la sensibilidad de Cáncer, el valor de Leo, la técnica de Virgo y el equilibrio de Libra– hasta atravesar una especie de muerte simbólica que te transforma.
En Sagitario, esa oscuridad se ilumina: entendés el sentido del camino recorrido. Ves que la criatura derrotada no era un enemigo externo, sino una parte tuya que necesitaba integrarse. En Capricornio, con esa sabiduría adquirida, te volvés referente: alguien capaz de guiar, enseñar y transmitir lo aprendido con la experiencia marcada en el cuerpo y en el alma.
Luego, en Acuario, soltás incluso esa posición de autoridad. Lo aprendido deja de ser solo tuyo y querés compartirlo con todos, desde un lugar desapegado, universal, casi visionario. Mirás tu camino con distancia y claridad, consciente de que hace tiempo dejaste atrás el peso del ego.
Finalmente, en Piscis, ascendés a un plano distinto: uno que une vida y muerte, comienzo y final. Te disolvés en algo más grande, quedando como una presencia espiritual que inspira a quienes recién están empezando en Aries a construir, otra vez, su identidad.
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Diego Doliveira
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El Viaje del Alma a Través del Zodíaco
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