Hoy no se miente con descaro.
Se disfraza la verdad de prudencia hasta que deja de incomodar… y de ser verdad.
No se hace por respeto.
Se hace por miedo.
Miedo a incomodar.
Miedo a perder estatus moral.
Miedo a pensar en voz alta y pagar el precio.
La corrección política no ha creado una sociedad más justa.
Ha creado individuos dóciles, expertos en repetir lo aceptable y reprimir lo honesto.
Decir la verdad te aísla.
Callarla te corrompe despacio.
Y lo más incómodo no es leer esto.
Es reconocer que llevas tiempo negociando contigo mismo.
El resto es ruido.