El feminismo en España ya no va de igualdad, va de confrontación.
Ha pasado de pedir derechos a repartir culpas, usando al hombre como enemigo genérico.
No empodera a la mujer fuerte e independiente: la infantiliza y la coloca como víctima permanente.
Y al hombre lo señala, lo debilita y lo silencia, incluso cuando no ha hecho nada.
La igualdad no se construye enfrentando sexos ni legislando desde el resentimiento.
Eso no es justicia. Es ideología.
Y a largo plazo, nos perjudica a todos.
Hablemos claro.
El resto es ruido.