Me pasó algo que seguro a más de alguno también le ha tocado vivir.
Un propietario me habló porque quería vender su propiedad. Conversamos, se veía interesado y con ganas de avanzar rápido. La verdad, al principio pensé que era una captación que podía moverse bien.
Pero cuando empecé a revisar mejor la situación, me di cuenta de que todavía faltaba mucho para que realmente estuviera listo.
No tenía claro el precio.
Los documentos no estaban en orden.
La decisión no estaba del todo conversada en la familia.
Y tampoco había mucha claridad sobre cómo se iba a trabajar.
Al final entendí que el problema no era la venta en sí; el problema era que se estaba intentando partir antes de tiempo.
Y ese tipo de cosas sirven mucho para aprender.
Porque en corretaje no basta con que alguien diga que quiere vender. También hay que ver si de verdad está preparado para hacerlo.
Desde ahí, uno empieza a filtrar mejor, ordenar mejor el proceso y evitar mucho desgaste innecesario.
¿Te ha pasado algo parecido?