"Recuerdo una conversación con un líder de ventas que constantemente decía 'tengo que ser mejor líder' y 'quiero mejorar'. Le detuve en seco: 'No tienes que hacer nada. Aquí no hay obligación ni pistola en la cabeza. El problema es que te estás autoprogramando para el fracaso con ese lenguaje'.
Le expliqué que la diferencia entre los líderes exitosos y los mediocres no está en lo que quieren hacer, sino en quiénes deciden ser en este momento. No es 'tengo que ser un ejemplo' sino 'SOY el ejemplo'. No es 'quiero organizar mi tiempo' sino 'ME ORGANIZO ahora'.
Como le dije: 'Date tres golpes de pecho y métete en el personaje. Yo mismo, siendo naturalmente introvertido, me metía al baño antes de dar seminarios y me repetía: soy el coach de impacto'.
El verdadero liderazgo no espera al futuro ni se esconde tras deseos. Se manifiesta en el presente, en cada acción, en cada palabra y en cada ejemplo que damos."