El orgullo siempre distorsiona la realidad
“Hay quienes se creen muy importantes y a todos miran con desdén.”
Proverbios 30:13
El orgullo no solo afecta la manera en que tratamos a los demás; también limita nuestra capacidad de seguir creciendo.
Cuando una persona cree que ya tiene todas las respuestas, deja de escuchar. Cuando piensa que siempre tiene la razón, deja de corregirse. Y cuando se considera superior, pierde la oportunidad de aprender de quienes la rodean.
En las finanzas, en los negocios y en el liderazgo, esta actitud puede resultar muy costosa. El orgullo lleva a ignorar advertencias, rechazar buenos consejos y tomar decisiones desde la autosuficiencia en lugar de la sabiduría.
La Biblia presenta un camino diferente. La verdadera grandeza no consiste en sentirse más que otros, sino en mantener un corazón humilde, dispuesto a aprender, corregir y servir. Porque el conocimiento abre puertas, pero la humildad permite seguir cruzándolas durante toda la vida.
Abraham Fuga