Usted necesita entender: la ausencia de contentamiento transforma bendiciones en peso. Lo que era para causar alegría, pasa a causar frustración. Lo que era respuesta de oración, se convierte en motivo de ingratitud, pues el corazón inquieto nunca estará satisfecho. Siempre va a querer más, va a reclamar del ahora y va a distraerse con lo que aún no ha sucedido.