Te veo pasar y el pulso se me vuelve un laberinto.
Es ridículo este decoro mío de apartar la mirada,
esta timidez que me obliga a morder el labio
mientras tú cruzas el espacio con la ligereza de un milagro.
No hay nada sagrado en mi silencio, solo una torpeza:
el miedo urgente de que mis ojos me delaten ante el mundo.
Me guardo el deseo de inventar una excusa cualquiera,
algo que rompa esta distancia que me quema.
Eres la música que escucho con los ojos abiertos.
No compartimos más que el aire de esta habitación,
pero tu sola presencia basta para desarmar mi gravedad.
Aquí sigo, en mi trinchera, mirándote de reojo,
esperando el día en que mi audacia venza a mi prudencia
y me atreva, por fin, a pronunciar tu nombre.
Yubiana Sánchez 🪐 🎀