Buenas tardes mis IACEDORES queridos, retomando hoy compartirles el mensaje semanal del Dr Puig y me encuentro con esta belleza de que está dedicado a nosotros los venezolanos 😍🇻🇪 y me quedo con una frase hermosa: en momentos difíciles nos sostienen los vínculos como la familia, los amigos y una comunidad que no se olvida de tí 🥹. Gracias comunidad IACE por ser esa comunidad tan empática, amorosa que nos ha escuchado, apoyado y sostenido a cada uno de los venezolanos que formamos parte. Los abrazo 🫂 con toda mi alma. Querido amigo/a Antes de nada, quiero que estas líneas empiecen donde de verdad importa hoy: mi pensamiento, mi oración y todo mi cariño están con quienes llevan días enfrentando el dolor y la incertidumbre tras los terremotos en Venezuela. A quienes buscan a los suyos, a quienes han perdido su casa o a alguien querido, a quienes sostienen a otros mientras ellos mismos se sostienen apenas: no tengo palabras, pero sí toda mi cercanía y mi más profundo respeto por la inmensa fuerza interior con la que estáis afrontando esto. Hay algo que a mí nunca deja de sobrecogerme: el ser humano posee una capacidad extraordinaria para sostenerse, adaptarse y volver a levantarse incluso cuando todo alrededor parece derrumbarse. No es ingenuidad ni resignación; es una fuerza real, casi biológica, que se activa precisamente en los momentos de mayor oscuridad. Creo firmemente, y por eso me atrevo a compartirlo contigo, que en los momentos más difíciles —y también en los más tranquilos— lo que de verdad sostiene a las personas no son las circunstancias externas, sino los vínculos: la familia, los amigos, una mano tendida, una llamada, una comunidad que no se olvida de ti. Eso es, quizás, la verdadera fuerza del corazón humano: no la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir tendiéndole la mano al otro incluso cuando uno mismo tiembla. Si algo he aprendido observando a quienes atraviesan las pruebas más duras de la vida, es que la esperanza no es mirar hacia otro lado ni negar el sufrimiento; es, sencillamente, la certeza tranquila de que después de la noche más cerrada, algo dentro de nosotros sigue buscando la luz. Esa búsqueda, por pequeña que parezca, ya es un acto de coraje.